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Hago un llamado a la desobediencia civil y a la desconexión digital

Jesús Herrero escribe sobre la necesidad de ir contra la corriente y desenchufarse de la hiperconexión.

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Hago un llamado a la desobediencia civil y a la desconexión digital
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Por Jesús Herrero *

 

Frente a la atmósfera de cinismo y falsedad en la que vivimos, hago un llamado a la desobediencia civil y a la desconexión digital como los actos más desestabilizadores que podemos ocupar los ciudadanos en contra de una sociedad cimentada en la mentira social y la mercantilización manipuladora de las personas.

 

A lo largo de la historia los sistemas de poder autoritario se mantuvieron, no solo por la represión policial y militar o por el control que ejercían sus élites económicas, sino porque la gente común aceptaba vivir voluntariamente en una mentira. En los actuales regímenes “democráticos” también opera la misma lógica de dominación. Ahora esa dominación se acrecienta cuando los individuos participan de instituciones y prácticas sociales como si creyeran en ellas sabiendo que tan solo son verdad para unos pocos y engaños para la mayoría. Por ejemplo, las promesas de una supuesta Seguridad Social que plantean las AFPs o el responsabilizar a la inmigración del desempleo y de la inseguridad y la delincuencia.

 

El autoritarismo que está debilitando actualmente nuestra democracia se cuestiona desenmascarando su falsedad, poniéndolo en evidencia frente a sus propios votantes para que vuelvan a estar dispuestos a no intercambiar más la verdad por un poco de tranquilidad económica y seguridad individual sacrificando el Bien Común. Estos comportamientos serán tildados de extremistas por lo que siempre resultan incómodos y hasta arriesgados. Para colmo, los resultados son inciertos pero más necesarios que nunca. Es lo que el checo Václav Havel nombró provocativamente como el “poder de los impotentes”. Un verdadero desafío político que, al negarse a cometer falsedades en la vida social, se convierte en una forma de poder. Por eso, dejar de creer y consentir con los rituales sociales de la mentira es un acto de desobediencia civil frente al autoritarismo y el neofascismo.

 

Además de vivir en la verdad, debemos procurar vivir más desconectados. No por querer aparecer como “originales” o para regresar a una especie de cultura “retro”, sino porque lo que está en juego con la desconexión es mucho más profundo e inquietante que esas excentricidades. El problema no se encuentra en que estemos continuamente conectados a los celulares y distraídos con informaciones intrascendentes. El verdadero problema es que esa permanente conexión digital invade todas las facetas de nuestra vida, incluso las más privadas. Este hábito posmoderno no es casual, responde a una estrategia de la llamada “última mutación del capitalismo” convertido hoy en un tecno capitalismo depredador.

 

Prácticamente agotados los recursos naturales y expropiada la fuerza de trabajo de los asalariados, la última frontera a traspasar, el último recurso a explotar por el neoliberalismo es la vida misma de los individuos. Hoy la vida de cada individuo se ha convertido en una especie de “materia prima” que se puede extraer, comprar y vender.

 

No deja de sorprenderme las resistencias que muestra la gente cuando tienen que entregar sus datos personales a la administración pública y, sin embargo, la despreocupación con la que se los facilitan al mercado en cualquier tienda, banco o red social. Defienden su vida privada frente al control de los poderes públicos y rechazan las encuestas de los servicios del Estado pero no dudan un solo segundo en entregar los dígitos de su cuenta bancaria, su Rut, el número del celular, el destino de sus próximas vacaciones o la valoración de la última comida que hicieron… Finalmente nos estamos convirtiendo en “proletarios de la nube” trabajando gratis para los dueños de las plataformas digitales como Meta, Google y Apple.

 

Mi llamado a practicar la desobediencia civil y la desconexión digital tiene como objetivo defender la sustentabilidad del planeta y la libertad y dignidad de las personas. Porque a estas alturas del siglo deberíamos ya saber que la acumulación de todos nuestros datos personales en la “nube digital” es algo insostenible medioambientalmente, que la fijación de nuestra atención en un scroll eterno de pantallas que nunca se detienen va anulando nuestra capacidad de concentración y condiciona nuestra libertad para elegir lo que realmente necesitamos, y que el exhibir constantemente nuestra vida personal diluye la frontera entre las cosas que pueden ser intercambiables y aquellas que tienen un valor en sí mismas, como la dignidad, algo que el mercado nunca debería tocar.

 

La propuesta es sencilla: desconectarnos un poco más al tiempo que nos comprometernos con vivir en la verdad para construir una sociedad “con” mercado y no en una sociedad solo “de” mercado donde la falsedad y el egoísmo lo inundan todo.

 

* Jesús Herrero es chofer de Uber y militante comunista.

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