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Incendios forestales en la región de Aysén

En su columna de opinión, el ingeniero forestal Juan Eduardo Barrientos nos entrega una reflexión histórica sobre el uso del fuego en Aysén para hacerlo habitable y los serios riesgos que enfrentamos este verano, además de algunas recomendaciones para cuidar nuestra naturaleza.

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Incendios forestales en la región de Aysén
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Por Juan Eduardo Barrientos Erreguerena *

 

Conocer la historia de los incendios forestales en la región de Aysén es fundamental para entender su paisaje actual, el que fue modelado por un proceso de colonización basado en el uso del fuego como herramienta para habilitar campos, pero que generó grandes incendios forestales. Durante las primeras décadas del siglo XX, la región de Aysén sufrió una secuencia de incendios forestales, proceso que erradamente se ha nombrado como el gran incendio forestal de la región de Aysén.

 

Desde principios del 1900 y hasta 1950, se estima que se quemaron cerca de 3 millones de hectáreas de bosque nativo, dejando un legado visual de árboles con sus fustes  quemados de color blanquecino que en algunos sectores aún es posible observar.

 

No cabe duda que el impacto ecológico fue devastador y, en muchos casos, irreversible debido a la lentitud de la regeneración natural en climas extremos. Sería largo detallar las distintas consecuencias ambientales, sociales y económicas del citado proceso, además que no es la intención de la presente reflexión.

 

En este punto es pertinente una aclaración y que en un contexto de respeto es muy necesario establecer claramente. Bajo ningún punto de vista lo relatado en cuanto a daño ambiental pretende hacer un juicio histórico o ser un cuestionamiento para aquellos hombres y mujeres que con un sacrificio difícil de dimensionar, optaron por la única opción que les permitía establecerse y producir el sustento para sus familias. Además dicho sea de paso, estos procesos de habilitación de terrenos eran avalados por políticas públicas.

 

Pero esa historia quedó atrás y no se puede repetir. El escenario hoy es muy distinto y debe primar una preocupación permanente de todos los actores y habitantes del territorio por evitar la  ocurrencia de incendios forestales. El fuego como herramienta de trabajo y para uso recreativo debe evitarse en verano y en caso necesario ser muy regulado, en lugares habilitados, con estándares de seguridad elevados e idealmente paulatinamente tender a cero.

 

La región de Aysén, al igual que otras partes de Chile y el mundo, acusa importantes alteraciones meteorológicas derivadas del cambio climático que ya son conocidas y que en la práctica han generado que el riesgo de ocurrencia y propagación de los incendios forestales sea significativamente mayor a décadas anteriores.

 

Se debe tener presente que los incendios forestales en nuestro país y, por cierto, en nuestra región son provocados casi en su totalidad por acción humana. Excepcionalmente, existen algunos incendios por causas naturales como rayos derivados de tormentas eléctricas, sin embargo, las acciones negligentes, descuidos e irresponsabilidad en el manejo de fuentes de calor y fogatas son los que generan los incendios.

 

Prevenir un incendio forestal es mucho más fácil que combatirlo y lo que pase o no  este verano relacionado con ocurrencia de incendios forestales, dependerá de las conductas individuales y colectivas  de los habitantes y visitantes de esta región. El  llamado es a no hacer fuego o fuentes de calor en entornos donde exista riesgo de encendido de vegetación. Esto es significativamente relevante para los meses de enero a marzo, que este año serán particularmente secos y por ende existirá un mayor riesgo de inicio y propagación de incendios forestales.

 

* Juan Eduardo Barrientos Erreguerena  es ingeniero forestal 

Etiquetas: #Medio Ambiente
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