Por Jesús Herrero E. *
¿Se han preguntado que pasaría si este año no se celebrara religiosamente la Semana Santa en la región de Aysén?, ¿cambiarían en algo nuestras vidas?, ¿serían diferentes las rutinas diarias de la gente?, ¿echaríamos de menos algo?...
No sé si para bien o para mal pero me temo que la respuesta a estas preguntas es un No, no cambiaría nada, ni siquiera la inmensa mayoría de las personas se darían ni cuenta.
La siguiente pregunta inevitable es por qué la Semana Santa y, en general, la religión cristiana ya no tiene la importancia social y hasta religiosa que tenían en otras épocas al menos en nuestra sociedad.
Seguramente podemos encontrar muchas razones de carácter sociológico, cultural y hasta circunstancial. Pero pienso que la razón más profunda se podría decir de la siguiente manera: la Iglesia Católica ha traicionado el mensaje de Jesús de Nazaret y ya no representa ni significa una buena noticia para las personas.
Las liturgias de la Semana Santa no son entendidas como “acción del pueblo”, sino como una actuación protagonista del clero que la convierte en la repetición de las mismas palabras y gestos de siempre vacíos de historia y de actualidad. Las celebraciones litúrgicas se reducen a monólogos atemporales e intrascendentes. Dejaron de ser verdaderamente espirituales y populares.
En Chile y con más fuerza en la región de Aysén, la Iglesia ya es una institución irrelevante que no genera confianza ni resulta atractivo pertenecer activamente a ella. Su imagen en general es la de una institución “rica en autoridad y pobre en misericordia”. Por lo tanto, todo lo que propone en sus celebraciones litúrgicas, sacramentos y recomendaciones morales, no toca los corazones ni mueve a la participación y adhesión de tiempos pasados. Quiero decir que, si los ministros consagrados de la Iglesia no logran sustituir ese lenguaje legalista y autoritario por otro más saludable, más sugerente y, a fin de cuentas, más espiritual, terminarán convirtiendo sus Capillas en pequeñas sectas que se parecen más a un club de adultos mayores que a una comunidad plural, viva y convocante.
El Vicariato sorprendería gratamente a los ayseninos y ayseninas el día en el que su “pastor” les hable sin parecer que es el dueño exclusivo de la verdad sin la arrogancia que le caracteriza. Porque con frecuencia tiende a la grandilocuencia, a la superioridad y hasta peca de mal humor. Porque parece olvidar que, tanto más será escuchado y tenido en cuenta, cuanto más su fe en Dios se convierta en fe en las personas. Para así poder acompañarlos en sus gozos y esperanzas, en sus tristezas y angustias que son las de ellos y ellas y son las suyas también.
Tal vez por ese camino, la Semana Santa en Aysén podría resultar un aporte, un espacio grato, festivo y significativo para la vida de las personas que buscan algo más de sentido en sus caminos, y algo más de igualdad en sus estómagos.
*Jesús Herrero es chofer de Uber y militante comunista.