Por Magdalena Rosas *
Probablemente en redes sociales usted tuvo oportunidad de ser testigo de la marcha de los monjes budistas en las rutas de Estados Unidos. Una marcha que se inició el 26 de octubre y que concluyó en Washington DC el día 11 de febrero de 2026.
Aquí en Patagonia vivimos en una especie de “limbo”, donde los problemas nos parecen gigantes. En la realidad, comparada a muchas situaciones que viven otros seres humanos del planeta, no muy lejos de nosotros, nuestros problemas son muy pequeños. ¡Y ojalá nos importaran menos!
Gracias a Dios no vivimos bombardeos sobre nuestras casas, no pasamos hambre, no hemos tenido que enterrar a nuestros nietos, hijos, esposos o esposas, no estamos obligados a construir campamentos porque ya nuestros barrios no existen, nadie nos persigue por lo que creemos y/o pensamos, nadie nos cogerá en una calle sin piedad por ser inmigrante. Aquí de algún modo o de otro, podemos vivir en paz.
En Estados Unidos de Norteamérica, entre 19 y 24 monjes tibetanos terminaron recién una caminata de 108 días. Recorrieron mas de tres mil setecientos kilómetros y nueve estados. En una caminata que fue denominada “Marcha por la paz” y que fue encabezada por el venerable Bhikku Pânnakara de 44 años.
Los acompañó un perro llamado Aloka, que quiere decir Luz y que quiere simbolizar en esta marcha, la unión universal, la lealtad y la paz silenciosa.
Los monjes en su recorrido enseñan con acción el Mindfulness, “Atención plena”, un principio aplicable a todas las situaciones de la vida y que tiene que ver con, según explica el Chileno Claudio Naranjo, la atención permanente en el aquí y el ahora, la presencia en la práctica de la atención sistemática a las experiencias corporales, las experiencias del pensar, y la conciencia de la mente misma. El estar en el aquí y el ahora con todo nuestro ser.
Es habitual entre nosotros, esta dificultad de permanecer en el presente, que se manifiesta sobre todo en la vuelta de la atención hacia el pasado o hacia “anticipaciones” de lo que puede ser nuestro futuro próximo, de las explicaciones que nos damos a nosotros mismos, o así mismo de las justificaciones que nos damos por esto o por aquello.
Esta marcha nos invita a pensar muchas cosas, principalmente que la paz se construye desde nosotros mismos. Es un ejemplo de dedicación y simbolismo no solo para los ciudadanos de Estados Unidos que hoy sufren, sino a todos quienes accedemos a ella a través de las redes.
En esta marcha hay muchos gestos, pero hay uno especial que me llama profundamente la atención: en el momento que se da por finalizada la marcha, después de 108 extensos días de caminata, el venerable Bhikku Pannata, líder de los caminantes, el más expuesto, es mas visible de los monjes, se postra a los pies de su maestro y llora.
Llora frente a las cámaras, frente al mundo.
En este acto él reconoce a su guía espiritual y la iluminación de su orgullo personal que se funde en una identidad en la cual el Ego desaparece. Este gesto nos expresa con fuerza profunda, que siempre en nuestra vida, necesitamos esta luz que nos guía y nos ilumina y a quien siempre será bueno para todos, agradecer.
* Magdalena Rosas es profesora de Estado y música.