* Por Naara Andariega
8 de septiembre 2026, Coyhaique
Querida Tere:
En primer lugar debo confesar que fantaseé con escribir esta pseudo misiva a mano y hacértela llegar a la antigua. Desistí rápidamente ¿A qué hora? Habiendo tenido la oportunidad de que me acompañases antes, privilegié el formulario y tuve el desparpajo de escuchar tu disco sólo cuando estuvo en las manos de las distribuidoras malignas. Vergüenza. No obstante, heme aquí. ¿Cómo pasé de ser una melómana empedernida a buscar la situación perfecta de escucha? Antes -¿antes de qué? ¿antes de la pandemia? ¿antes de volver a Chile?- escuchaba atentamente por lo menos 2 discos semanales, hoy -con cuea- le entro a uno cada dos meses. Me he dejado secuestar por una vóragine de energía que me tiene concentrada en cosas muy específicas, pero aún así hoy, soy yo la que busca las palabras en el río de otra gente y como la protagonista de tu Pequeña Canción en Do Mayor tampoco quiero perderme. No vengo a hablar de mí, quiero hablar de ti, quiero que pensemos en tu precioso disco.
Mejor título no puedes haber elegido querida Tere, Canciones Naturales. Siempre tan asertiva, tan íntima. Imagino lo duro que debe haber sido soltar este puñado de canciones, una entrega total. Vienes con este disco a pasearnos por el hondo jardín de tus sentires y hacernos viajar por la memoria, las flores y la maleza de los nuestros. Canciones naturales es una joya refulgente de aparente sencillez, pero tú no me engañas, Tere, apenas pasado el minuto de reproducción del primer track me asaltas con los versos:
Yo tengo la estrella del sol en mi frente
que muestra el camino de mi hermosa muerte.
¿Que decir frente a tamaña declaración? Abres de entrada una muestra a una mirada madura que sabe que toda luz que emerge se contiene en un tránsito efímero. El fuego lírico continúa su viaje en la minimalista Pequeña canción en Do Mayor, - ¿cuando un versión con cuerdas frotadas?- que nos lleva de la mano hacia La hierba florece, un asalto de imágenes, un collage que quizás quieres atesorar para siempre, un zurcido que puja por exponer delicadamente lo rudimentario, para darle el espacio que merece en un jardín que se trabaja también desde el invierno del alma.
En este paseo onírico no puedo dejar de brindar por Don Diego de la Noche y la Madrecita Nueva, me sorprendió mucho el giro estilísitico en Huaynito de Emi, grandes imágenes. Me sorprendió también ese coqueteo musical algo cercano al pop -tú me entiendes- en Azul Venus. Recibí esta canción con la reflexión sobre esa intensidad tan propia y a la vez tan contenida del ave transparente que dibujas sobre la montaña.
Ah Nube, que decir, mi preferida. Me rompió el corazón, mal. Gran entrada al duelo. Un balazo al pecho. Una oda a la belleza del espanto. Cualquier cosa que diga solo empequeñecerá su produndidad. Sobre ¿Quieres? hermoso cierre de disco, amé la búsqueda de la fusión con lo natural, con lo salvaje desde su lugar mínimo y a la vez poderoso -¡esa abeja reina querida!- me recuerda a la plegaria que algunas hacemos cada tanto para que la vida no nos deje de sorprender con sus vueltas.
Si mal no recuerdo ¿Cada canción esta enlazada con una ilustración tuya? ¿O es sólo el trabajo de la portada? Hazme llegar esa información cuando puedas, por favor.
¡Que tu música viaje e inunde la Tierra amiga guitarrera, poeta del Valle del Aconcagua! Gracias por esta joya, por empujar a la pausa poética, por compartir tu íntimo y elegante jardín, por tu inteligente música y palabra.
Ya nos encontrarán los caminos. Espero pronto poder brindar y conversar sobre la paciencia de cultivar Canciones Naturales en los jardines humanos.
Un gran abrazo
Naara.
* Naara Andariega es autora, comopositora y gestora cultural.