Hace dos décadas, la profesora y música valdiviana Elena Villarroel Cárcamo llegó a la Patagonia. No ha sido fácil. De dulce y agraz; nublado, parcial y despejado, como esta tierra donde decidió quedarse. Militante comunista desde su juventud, sabe que su partido genera controversia. Tras formar a cientos de personas en la música y el canto, se hizo cargo de la dirección ejecutiva de la Orquesta de Cámara Universidad de Aysén hasta que en diciembre pasado fue desvinculada de la institución. En entrevista con DeNota, Elena no dejó temas pendientes ni espacio para la duda.
Por Rodrigo Campusano | Periodista | @periodistadelsur
Vamos al origen, ¿cuántos años llevas en Coyhaique?
20 años
¿Y en qué circunstancias llegaste?
Llegué por la pega de mi marido que vino por tres años, que eso era inusual en esa época: tener un contrato por 3 años. Entonces vinimos de cabeza.
¿De dónde venías?
Yo soy de origen valdiviano, allá estudié la básica, la media y la universidad. Mi formación musical estuvo allá también.
¿Y cuáles fueron los primeros proyectos que desarrollaste acá en la región?
Primero llegué como profe de música y después formé el primer y único coro que tuvo la escuela San José Obrero. Justo cuando yo estaba recién llegada coincidimos con una amiga que también es cantante y profe, Mildrek Orellana. Ella estaba en la Alianza Austral y nos encontramos acá e hicimos varios proyectos para hacer música de cámara. Hicimos dúo, música lírica con canto y piano, estuvimos en la Catedral de Coyhaique. En ese minuto era todo autogestionado, no postulábamos a proyectos ni nada.
Con la perspectivas de 20 años, ¿qué espacio tiene la música como expresión y espacio formativo en regiones aisladas como esta?
Cuando llegué el mundo se me vino abajo porque yo venía con un training superalto. Había terminado de hacer "La Pasión según San Juan" con el coro de la universidad, donde era directora ayudante, habíamos hecho una gira por Chile y veníamos 'full training'. Llegué a Coyhaique y aquí no había nada. No había ese tipo de instancias para formarse. Yo estaba atacada. Pero con el tiempo yo dije si no lo hay, habrá que inventarlo. Justo coincidimos con esta amiga que estuvimos varios años haciendo circuito, también en la Biblioteca Regional que es un espacio pequeñito pero Gloria Carrillo -muy generosa con el espacio- nos decía que fuéramos cuando quisiéramos. Así empezamos a inventar actividades y al poco tiempo me incorporé a la Asociación Coral Carretera Austral que es una asociación que hace coros en distintos puntos de la región. Ahí llegué mandatada por mi maestro de Valdivia y empecé a ver cómo funcionaba el sistema cultural en Coyhaique, que es muy distinto el resto de las regiones de Chile. Y también sufriéndolo porque tú sabes que hay toquis y reinas que son inamovibles, que son incuestionables, gente que tiene coartadas muchas acciones y muchos espacios culturales. Nos conocemos.
Con todo esto, ¿cómo dirías que está el estado de la música en la Región de Aysén?
En estos 20 años ha habido avances increíbles. Yo alucino cuando veo un Fimp (Festival Internacional de Música en la Patagonia), hace 20 años eso era impensado. Se nota que hay un grupo de jóvenes que salieron de acá, que salieron a formarse y que están regresando a su región para abrir una cartelera cultural mucho más diversa y eso está superbacán. Falta si todavía abrir espacios que salgan un poco del centro de Coyhaique. Por una parte que salgan del centro de Coyhaique y por otro lado que se abra el resto de la región. Estas actividades culturales deben seguir siendo permanentes en el resto de la región porque Coyhaique es como un Santiago chico. Todo pasa acá, pero para el resto de las comunas de la región no pasa nada.
Es un vicio centralista que se repiten las comunas más pequeñas...
Es brutal, entonces todavía falta que de estas actividades, de este mundo que se está generando, que siga expandiéndose, que salga de Coyhaique fundamentalmente, que suba a las poblaciones también.
¿Qué inquietudes pudiste recoger tú en los viajes que hiciste por los diferentes territorios?
Que estas iniciativas sean periódicas. No pueden ser un satélite aislado y también lo importante, lo necesario que es en la formación de los niños. Yo sé que cuesta mucho, más que plata, energía, que alguien se quiera quedar en un lugar como Villa O’Higgins. Es entendible que un artista que es músico se quiera quedar allá porque allá no es tema de infraestructura ni de equipamiento. Eso está, y está guardado que es lo más doloroso. El tema es que no está la persona. Ese es el problema de las distintas localidades donde no hay personas. Las políticas están. Los compromisos de la municipalidades y de los establecimientos están. Pero no está la persona. Yo entiendo lo difícil que es quedarse en lugares apartados donde sientes que no te nutres porque finalmente tú quieres un poco lo que me pasó a mí al inicio: tú vienes con mucha carga y te ves solo y es fácil que sientas que no tiene sentido. La música de por sí es gregaria y estar solo en un lugar aislado es supercomplejo. Pero no es imposible. Yo veo todavía que falta gente que tenga la energía, el 'punch' de querer quedarse y generar estas cosas. Los primeros músicos de esta región también estuvieron solos y de a poquito, nunca bajaron la bandera. Después se juntaron con otros, lentamente, como es esta región también. Ojalá hubiera gente que tuviera esa paciencia, ese tesón.
¿Qué has aprendido tú dirigiendo un coro en este contexto?
La humanidad. Sobre todo la humanidad porque cuando tú estás en un lugar donde la música coral es mucho más amplia, hay coros que solamente se juntan para ver aspectos técnicos y siempre hay unos más técnicos que otros. Pero aquí más que juntarse a cantar y a hacer música, lo más importante es juntarse con las personas a conversar, saber cómo estás, cómo está tu hijo, tu hija, qué te pasó en la pega. Eso es más importante que cantar, generar lazos, generar encuentros, celebrar, llorar juntos, llorar juntas. Para mí fue una experiencia superpotente la pandemia. En plena pandemia igual hicimos música y a pesar de la distancia, hicimos una comunidad curiosamente de mujeres, superacogedora, de cuidarnos mucho, de hablar, de juntarnos. Después cuando nos vimos, lo primero fue hablar todas juntas como cotorra y después llorar porque nos faltaba eso. Ahí también me di cuenta de que en este entorno lo más importante es la humanidad y también la formación musical obviamente, sobre todo en el plano coral, estamos muy al debe en relación al resto del país.
¿Qué pasa con un joven cuando por primera vez ingresan al coro o a la orquesta en la región?
Hay de todo, sobre todo las orquestas y experiencias muy buenas y muy malas. Y hay personas, músicos y músicas que se creen dueños de ti y eso no puede pasar. Es tu proceso y uno tiene que acompañar el proceso de otra persona y él dará los pasos que él quiera y tocará con quien quiera y seguirá su formación con quien quiera. Él sabrá hasta dónde quiere llegar. Entonces acá hay una malformación y se piensa que la última palabra la tiene el músico o la música y que no hay otro más. Y hay más, la gente puede elegir su camino. Tú eres un facilitador y aporta las herramientas que tienes para que esa persona crezca artísticamente y si esa persona quiere crecer más y quiere buscar otro camino es libre de hacerlo, pero tú no puedes decirle que no. ¿Quién eres tú para decirle a otra persona que eres el mejor o el más capo?

¿La música sigue siendo una buena excusa para hacer comunidad?
El arte es una excusa para juntarse, para verse, para conocerse, para quererse. Siempre lo va a ser.
Quiero llevarte al terreno de los estudiantes. ¿Qué carencias observas, no tanto materiales, quizás más espirituales, en los estudiantes que deciden reunirse para formar un coro?
Yo creo que aparte de las ganas de cantar y de aprender, de sentirse escuchados y sentirse parte de algo, identificarse con algo. Finalmente eso es lo que da un grupo de música, de danza, de fotografía, de lo que sea. Sentirte que perteneces a algo y que ellos también te pertenecen a ti que están ahí. Que quieren crear una red contigo. Yo creo que eso es.
¿La música logra romper con el aislamiento que se vive en esta región?
Sí y no. O sea, yo creo que sí porque finalmente la formación te abre fronteras, por ejemplo, a mí me encanta cantar en otros idiomas y aquí la gente lo encuentra lo más raro que puede haber. Yo les digo que el mundo es más grande que el idioma español. Puedes tener un acercamiento a otras culturas a través de la música y eso es lo entretenido, pero por otra parte tampoco te puedes pegar tanto en la cabeza, tampoco te puedes extender tanto porque, entrecomillas, el público no está preparado para eso.
¿Cómo sientes que impacta el aislamiento geográfico en la formación artística?
Impacta en que los artistas no se quieren venir. Coyhaique sigue siendo una plaza poco atractiva para los artistas en general porque el aislamiento te encasilla y no te permite crecer. En cambio cuando estás en el resto de Chile tú puedes estar no solamente en contacto con tu red de tu ciudad, sino que fácilmente viajan desde Santiago a La Serena, de Santiago a Concepción, de Concepción a Temuco, a Valdivia. Puedes generar una red más amplia a nivel nacional: en cambio, aquí la dificultad geográfica hace que tú te quedes un rato y cuesta más.
¿Siente que el resto de Chile discrimina a Coyhaique?
Sí, absolutamente sí. Siento que todavía nos ven como el pariente pobre, como el pariente chico que no es relevante a nivel nacional. Hay percepciones individuales que son notables. En Santiago tú preguntas por Juan Mouras y lo conoce medio Chile. Hay figuras importantes. Pero, obviamente hay excepciones, pero no es normal. No es tan fácil salir.
¿Sientes que en la misma región el trabajo y cultural o artístico puede ser visto como algo de segunda categoría, como algo secundario?
En general, sí, igual hay una red que a mí me ha llamado mucho la atención porque las redes artísticas que hay acá en las otras regiones, muchas de ellas mo existen. Yo creo que también porque somos poquitos y porque queremos entre nosotros solidarizar, apoyarnos, que las iniciativas crezcan. Yo creo que eso está muy bien, a diferencia de las otras regiones donde eso no pasa, que cada uno se las arregla como pueda. Eso tiene de bueno, pero para el resto como que se creó una microrred, pero que no permea tanto para el resto de la sociedad regional, queda muy cerrada.
Hablemos de tu trabajo en la Universidad de Aysén con la Orquesta de Cámara, ¿cómo evalúas ese proceso, tomando distancia desde tu despido?
A mí me tocaba abrir caminos y siempre abrir caminos es difícil, es el trabajo más rudo salir a despejar para que otro pase, ensanchar la avenida para que otros pasen. Para mí siempre fue eso. Y como es la primera etapa de abrir el camino, yo siento que a pesar de que llevamos varios años abriendo camino, todavía estamos en esa fase de abrir camino, de lograr que se instale no solamente la orquesta, sino programas de música permanentes y que tengan público permanente y que tengan un gran público. Todavía falta esa fase. Nosotros partimos el 2022 y tenemos mil anécdotas, pero recuerdo el verano del 23 llegar hasta Puerto Gala con un violonchelo y una viola y era la primera vez que llegaba ese instrumento. La gente de ahí era la primera vez que lo veía. Tú dices que estamos en el siglo XXI y hay personas en esta región que nunca han visto un chelo.
Y muchos otros instrumentos seguramente...
Muchos otros. No puedes llevar una orquesta completa, entonces te encuentras con ciertas dificultades, pero sí yo creo que todavía falta mucho por crecer, por instalar, para que no sea ajeno y para que también avancemos en programas más permanentes y que ojalá la comunidad sienta realmente que esta orquesta es suya. No es solamente para la gente que escucha este tipo de música, la música clásica. Tiene un espectro mucho más amplio, no solo de abarcar repertorio, sino de llegar a todos los lugares, sin costo, y eso se tiene que mantener.
Con el tiempo transcurrido desde tu desvinculación, ¿qué lecturas has hecho?
Qué difícil. Yo creo que todavía ellos están en fase de instalación, yo creo que eso permanece y hay muchos desafíos pendientes. Todavía no estamos en una etapa de consolidación. Falta por crecer en números. Todavía es algo muy pequeño. Falta visibilidad. Se están quedando cortos en difusión. Tampoco me arriesgaría a hacer más juicios porque me falta objetividad. Todavía hay dolor, hay duelo. Tampoco me siento yo como que puedo hacer un juicio objetivo sobre lo que falta. Lo que sí tengo muy claro es que falta difusión y que se conozca más, que crezca.
Cuando se pierde una fuente laboral se habla muchas veces de rearmarse. ¿Estás tú en un proceso como ese?
Yo sigo dedicada a la música. Y pasó algo que no pensaba que iba a pasar. Teníamos para el cierre de año una obra con orquesta y coro. Cuando pasó esto (el despido) yo le dije al coro que yo no iba a participar, pero que a ninguno de ellos le iba a pedir que no lo hiciera. Todo lo contrario. 'La obra está aprendida, ustedes se la saben, ensayen y móntenla. Yo no voy a estar pero ustedes tienen que estar.' Y me dijeron 'no, profe. Nosotros tenemos la obra armada y la podemos hacer solos'. Y ellos plantearon irse de la universidad. Fue supertriste, en el sentido de que las chicas de la U me preguntan qué han ganado estando en la universidad. 'No hemos ganado nada', me dicen. 'Nos han puesto problemas, nos han tratado pésimo'. Entonces alguien dijo '¿y por qué no nos vamos?' Y se fueron. Ellos decidieron irse porque cuando les conté lo que había pasado, yo les dije 'no quiero funas, no quiero cartas, no quiero reclamos, no en mi nombre, por favor'. Nosotros vamos a seguir haciendo música de forma independiente'.
Si pudieras hablarle a todos los estudiantes que has tenido en estos 20 años, ¿qué les dirías sobre el valor de la música en Aysén?
Que sigan tocando, que sigan cantando, que busquen sus propios caminos, y que sigan disfrutando porque la enseñanza del oficio no es para que sean todos músicos, sino para disfrutar, para explorar nuevos estilos y nuevas sonoridades y que nunca dejen de aprender, de buscar y disfrutar sobretodo.
¿Qué significa para ti ser militante comunista hoy en una región como esta?
Por una parte va a ser más difícil encontrar trabajo, que no es menor. Obviamente todo el mundo me conoce y yo voy con cara descubierta, con mi insignia a todas partes. Esta región es bien tradicional y siempre ha sido de derecha, fundamentalmente. Todavía hay un cierto estigma por alguna parte de la población que genera ese rechazo hacia lo comunista, hacia los comunistas y las comunistas. Siempre somos cuestionados, somos más cuestionados que el resto. No importa que los de RN la embarren, porque cuando un comunista la embarra es como el doble. Porque igual obviamente nos equivocamos, metemos las patas. Pero siento que hay como ese doble juicio.
¿Sientes que tu militancia política ha sido una herramienta concreta para transformar la realidad?
Para mí, obviamente todo es político. Y para mí es superimportante que la música sea para todos y para todas. Y para todos los lugares. Eso para mí es fundamental, que sea entendida, que sea querida, que tenga sentido. Yo nunca voy a hacer una obra que no me haga sentido y he tenido la suerte, el privilegio, de hacer obras con sentido, que tú sientes que remece, que el contenido de lo que estás transmitiendo es poderoso. Y aunque sea de lo más clásico. La música clásica no nació en las salas de conciertos. Las salas de concierto nacieron después. Los teatros primero eran corrales desocupados que se empezaron a usar para los conciertos, y siento la responsabilidad de recuperar, como de sacar a la música clásica de la élite, porque no es para la élite. Hubo un periodo en que la música estaba hecha para eso, pero no es su origen, no es para eso. No es exclusivo para las salas.
¿Ser comunista te ha cerrado puertas alguna vez?
Por ahora no, hasta el momento no.
¿Tampoco sientes que pudo influir en la decisión de sacarte de la Orquesta de Cámara?
Yo sé que al señor Prieto Cox (ex administrador provisional) no le agradaba mi comunismo, yo sé que no.
¿Pudo influir entonces?
No lo sé, porque como no me dijeron nada.
¿Cómo ves al nuevo Gobierno?
Terrible. Las declaraciones del ministro de Culturas han sido terribles. La última declaración de que mínimo que el pase cultural tenga que tener cuarto medio. ¡Por favor! Me parece triste y obviamente los recortes de presupuesto que han venido para la región van a complicar a todo el sector cultural que también se nutre de los fondos que llegan. Es una época muy compleja, muy dura. Va a haber poco trabajo. habrá hay que inventarse también.
¿Cómo se vive la militancia política activa, viniendo de un partido discriminado, en una región discriminada en un sector como la cultura, que también históricamente ha sido discriminado?
Mira, no sé cómo se hace, pero uno le echa para adelante nomás. Si al final yo soy hija del rigor, soy porfiada, soy terca y sé que la primera vez que tú te embarcas en esto te das contra la pared y después te das menos. La primera vez viene una persona, la segunda vez vienen dos y después cuatro y después ocho. Los cambios culturales que necesitamos son muy lentos y son muy a largo plazo, para eso hay que ser cargante y heredar la lucha, porque nosotros nos vamos a morir y no vamos a ver nada. Tenemos que contagiar de que esto tiene que seguir. En este sistema estamos ahogados. Esto no es vida.
¿Cómo fue el momento en que te enteraste de que no ibas a seguir en la Universidad de Aysén?, ¿sentiste miedo?
Te ves con el vértigo de quedarte sin pega y de que tu familia depende de lo que ingresa, de lo que generes. Fue superduro y difícil, muy difícil, pero a mí lo que más me dio no fue tanta rabia; fue pena, me dio mucha pena. Yo tengo poquitos lazos, no tengo un grupo, una red muy grande de amigos; tengo una red pequeñita, pero que es muy poderosa y realmente me he sentido muy acompañada, muy sostenida y bien regaloneada. Además, uno tiene unos años y tengo amigos desde hace 30 años y esos amigos están, estuvieron y estarán.
¿Podrías resumir tus proyectos actuales?
Hoy ya estamos con el coro (Camerata Austral), retomando nuestras actividades y vamos a ir a hacer la cantata de Santa María en Puerto Montt en julio. Y el segundo proyecto que está empezando son las clases de canto en el conservatorio (de Música de Coyhaique). Por ahora estoy en eso, así que estoy entretenida.
¿Te gustaría añadir algo para cerrar esta entrevista?
Necesito pega.