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“Me matan si no trabajo y si trabajo me matan”

El columnista de DeNota, Jesús Herrero, nos habla de la precariedad laboral y del olvido de los adultos mayores para el mercado.

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“Me matan si no trabajo y si trabajo me matan”
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*Por Jesús Herrero E.

 

El estribillo de una canción intemporal, que algunos recordarán, me sirve para titular esta columna: “me matan si no trabajo y si trabajo me matan, siempre me matan, me matan, siempre me matan, me matan”.

 

Y es que me inquieta y hasta me indigna el “edadismo” porque se ha convertido en una especie de condena social que mantiene con capacidades y lleno de experiencia a los mayores de 50 años,  pero sin ninguna posibilidad de ejercerlas laboralmente. Y esto no sucede solo en el ámbito laboral. Una de cada dos personas en el mundo mantiene actitudes discriminatorias hacia los viejos provocando un deterioro de la autoestima llegando incluso a dañar su salud física y mental, según señala la Organización Mundial de la Salud.


Pues bien, tengo un viejo amigo que comenzó a trabajar a los 14 años en las labores del campo. Más tarde por 7 años estudiaba en la universidad por las mañanas y trabajaba en una imprenta por las tardes. También vendía diarios y revistas en un puesto callejero de su barrio los fines de semana y descargaba camiones en el mercado de abastos de su ciudad. Una vez titulado comenzó a trabajar haciendo clases en colegios y, desde la educación popular, se dedicó a la alfabetización de adultos y a la capacitación del voluntariado social por muchos años. Se incorporó a una Universidad en docencia y en la formación de docentes. Unos años antes de quedar cesante, coordinó varios proyectos relacionados con la defensa y promoción de derechos humanos y socioambientales.

 

Cuando finalizaron esos proyectos, mi viejo amigo salió a buscar trabajo con 55 años sin ningún resultado y en eso anda hasta la fecha luego de 8 años de acumulación de currículum, correos, entrevistas fallidas y mucha desesperación y rabia. Y es que recuerda, por poner solo un par de ejemplos, cuando en una Seremía de educación rechazaron su postulación alegando que estaba “sobrecalificado y podría limitar la posibilidad de que otras personas con menos experiencia pudieran obtener ese puesto”, o cuando en la etapa de la entrevista final para formar parte de un equipo de trabajo en una universidad le dijeron que buscaban “personas más jóvenes y, a ser posible, que fueran mujeres”.


Por eso estoy convencido de que a él le están “matando” al no dejarle trabajar por el simple hecho de ser viejo y, de paso, precarizan económicamente a toda su familia. Mi amigo tiene un hijo de 19 años que en este momento está trabajando de copero en un restaurante cuico de la ciudad. Pasó con anterioridad por otros dos negocios más de comida rápida y en uno de ellos le pagaron por dos días de trabajo con una pizza. En todos esos trabajos ha tenido que enfrentar horarios de 48 horas, sueldos mínimos sin contrato, la arbitrariedad y prepotencia de los encargados y los dueños de los locales, etcétera, pero ese joven necesita ahorrar la plata suficiente como para poder salir a estudiar y especializarse en lo que a él le apasiona. Y, por ahora, está dispuesto a pagar el precio de aquella explotación.

 

Pero para las autoridades del actual gobierno, el hijo de mi amigo es considerado como un “cacho” para los generosos empleadores chilenos que son los que dan trabajo en este país de tantos jóvenes flojos y desagradecidos. Pero vayan juntando miedo, emprendedores de medio pelo, porque hay muchas señales indicando que la vulnerabilidad laboral juvenil y la explotación configuran el escenario de una “tormenta perfecta” cargada de precariedad y conflictividad que está a punto de estallarles en las narices.

 

Así que el joven hijo de mi amigo se “mata” trabajando por una miseria de sueldo mientras enriquece a los que ponen las lucas para abrir un local y se pasean dando órdenes y despidiendo empleados cuando les viene en gana… En realidad, no hay mucha diferencia entre los dos personajes de esta historia. En este maravilloso sistema económico capitalista, si perteneces a la clase trabajadora, te “matarán” explotándote mientras eres joven y terminarán de rematarte cuando seas viejo. Pueden sacar ustedes sus propias conclusiones pero, para que no crean que estoy inventando porque soy un resentido social, terminaré confesando que ese “viejo amigo” del relato soy yo mismo y que ese “hijo” se llama Manuel, es mi hijo menor y estoy muy orgulloso de él y de lo que hace.

 

* Jesús Herrero es militante comunista y chofer de Uber.

Etiquetas: #Trabajo #Política
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