Por Magdalena Rosas *
“Los diseños me venían en los sueños”.
Evaristo Alarcón, soguero de Puerto Ibáñez, Premio Regional de Artesanía.
Hace muchos años un violinista se fue a casar. En el momento de la ceremonia, el juez le preguntó: ¿profesión? Violinista, contestó el hombre. El juez insistió: no pregunto por su hobby, pregunto por su profesión. Esta anécdota es descrita en el libro “Entreacto”, del director de orquesta Fernando Rosas, Premio Nacional de Arte mención Música, y efectivamente, es una situación que le ocurrió al entonces concertino de la Orquesta de Cámara de Chile.
En más de una oportunidad, me han hecho la siguiente pregunta: ¿porque el Estado debe financiar la música?, ¿las artes?, ¿el teatro? Si todos trabajamos cada día, ¿porque debemos financiar con nuestros impuestos a los artistas?
La creación, interpretación y puesta en valor de temas que de otro modo la sociedad no experimenta, son preocupaciones que involucran a la totalidad del ser artista. Además de estudiar en forma permanente y dedicar la vida a cultivar habilidades poco comunes y expresar una forma única de ver el mundo, el artista siempre ha debido buscar el financiamiento para desarrollar su propio trabajo (la historia está llena de ejemplos, muchos de ellos, profundamente trágicos).
En la actualidad, la búsqueda de Incorporar a la ley del libre mercado y con una mirada centralizada el trabajo artístico cultural, es un profundo error. La producción artística no puede organizarse como si el artista estuviera en una oficina de 8 a 5 de la tarde, tampoco puede entenderse desde el pensamiento de que el artista estudia una carrera y luego ejerce, como en otras disciplinas, integrándose a la cadena productiva como “todo el mundo” y determinando que el publico debe “pagar” el arte que consume. Con este pensamiento de pagar y consumir, la región de Aysén no tendría hoy la actividad cultural de difusión, formación y creación artística que tiene hoy día, lograda con el esfuerzo de muchas y muchos artistas, artesanos, gestores culturales y comunidades comprometidas y con el apoyo sistemático del Estado.
Pensar que la expresión del arte: una obra de teatro, un concierto, una pintura, etc., debe ser un producto como son los productos del mercado, es desconocer la naturaleza de este trabajo y su sentido. El derecho a la cultura, como es el derecho a la educación, a la alimentación, a la vida, son derechos adquiridos por nuestras sociedades desarrolladas, en los cuales necesariamente la comunidad y el Estado deben comprometerse y participar.
Mientras las artes y culturas aportan a Chile un 2,2% al PIB, el gasto público directo en cultura, suele situarse por debajo del 0,2% del PIB, con un presupuesto 2026 que alcanza el 0,56% del presupuesto nacional y que lamentablemente en el gobierno actual lo están bajando.
Las cifras no mienten.
Benditos artistas que llenan de colorido nuestras calles, de sonidos nuestras escuelas, de visiones que permiten a nuestras niñas, niños, jóvenes y adultos, crecer comprendiendo que su realidad y su mundo no son los únicos. Que permiten abrir los oídos, el corazón y la mente a las personas de la región de Aysén, y del país, especialmente a aquellos que no tienen el privilegio de poder tomar un avión e ir a un estreno en otra ciudad, o pagar un evento cultural como quisieran. Estos artistas, que nos permiten la existencia de una mirada mas generosa, mas abierta, mas creativa y que por lo mismo nos hacen ser mejores personas y mejores comunidades. Ellos que instalan a nuestra ciudad capital, la más joven del país, como una ciudad que, aunque aislada, también accede a la cultura, respeta y cuida el trabajo de sus artistas.
En esta maravillosa conformación humana que tenemos como especie, lo intangible del arte es un valor universal que necesitamos tomar en cuenta por el bien de la existencia humana sobre la tierra su conciencia de ser humano distinto a los animales, por sobre todas las cosas.
Es necesario considerar y estimular para todos, la experiencia de vivir las manifestaciones del arte y la cultura. Debemos ser generosos y abrirnos especialmente a aquellos que no pueden pagar, por el bien de todas y todos, en favor de la existencia humana sobre la tierra.
* Magdalena Rosas es profesora de Estado y música.