Por Rodrigo Campusano | Periodista | @periodistadelsur
¿Qué tienen en común Joaquín Lavín León, Miguel Ángel Calisto y Camila Flores? Que los tres son o han sido parlamentarios y están siendo investigados por fraude al fisco por el Ministerio Público, y en los tres casos las pruebas son más que contundentes.
La acumulación de casos de parlamentarios presuntamente involucrados en delitos nos hace ver la enorme falta de control que existe al interior del Congreso Nacional para con sus propios miembros. La vista gorda parece ser la norma del horrible edificio porteño y me cuentan desde el interior de ese adefesio arquitectónico que muchos y muchas diputados, diputadas, senadores y senadoras, andan bastante nerviosos por los pasillos.
Las cifras son elocuentes. Más de 100 millones en el caso Calisto, 240 millones -dice la Fiscalía- en el caso Lavín y cerca de 300 millones de pesos en el caso de Camila Flores, la que les cortaba la cola a sus funcionarios de manera grosera. En realidad, lo que hacía Camila era cortar la cabeza y quedarse con casi todo el cuerpo. Estos actos de corrupción deben ser castigados con el máximo rigor de la ley, con un acento ejemplificador para las futuras generaciones de parlamentarios. Que sepan que esos sueldos millonarios deberían bastar para vivir y no utilizar triquiñuelas con las asignaciones parlamentarias para beneficiar su propio bolsillo.
La imagen de Joaquín Lavín León esposado, saliendo de los tribunales camino a la cárcel es maravillosa. Nos muestra que cuando las pruebas son concluyentes, los fiscales están a la altura y los jueces actúan apegados al debido proceso, la verdad sale a la luz y los corruptos se van en cana.
Me contaron que Miguel Ángel está bastante preocupado con esta noticia, porque él podría ser el siguiente. Los montos son bastante similares. En ambos casos, el de Joaquín Lavín y el de Miguel Ángel Calisto. El abuso de las asignaciones se repite. Se está sentando jurisprudencia. El círculo se está cerrando, y la justicia está actuando.
El caso de Camila Flores recién asoma, pero todo indica que es un escándalo de enormes proporciones. Todavía la recuerdo vociferando que la izquierda se robó todo. Hay que tener fuero, digo, cara.
Los tres casos, Flores, Calisto y Lavín tienen dos cosas más en común: los tres dicen ser inocentes y ninguno tiene pruebas.
Pero recordemos los modus operandi.
Según la fiscalía, Calisto desvió asignaciones parlamentarias para triangular sueldos por trabajos que nunca se ejecutaron y esos dineros volvían a su bolsillo. Lo dice la Fiscalia. Y lo de Flores es vulgar y atrevido: les cobraba a sus asesores contratados con las asignaciones la “cuota Flores”: dos tercios o más de cada sueldo para manejarlo en efectivo para sus gustitos personales. Los testigos han dicho cosas realmente impactantes, como que “don Percy”, el entonces marido de Flores llegaba con bolsos llenos de plata en efectivo a la casa. ¿Y Lavín? Se le imputan los delitos de fraude al fisco, tráfico de influencias, y uso malicioso de instrumento privado. Un peligro para la sociedad, dijo el juez. Facturas ideológicamente falsas fueron presentadas en el Congreso para ser reembolsadas, pero los dineros fueron ocupados para manejar campañas políticas, principalmente la de su esposa Cathy Barriga mientras era candidata a la reelección en Maipú.
Esto configura una radiografía de la corrupción en el parlamento, un comportamiento reiterado y una herramienta ilegal, conocida por todos los pares. Muestra la sinvergüenzura institucionalizada, la deshonestidad pública, la desmesura y la codicia del poder.
Lo que está ocurriendo en el Congreso es histórico, y es que todo indica que el abuso de las asignaciones parlamentarias es una costumbre adquirida, no por pocos integrantes de la corporación.
Calisto fue reformalizado y quedó con arraigo nacional. Todo indica que Flores también lo será y Lavín ya está preso, tal como estuvo su esposa Cathy Barriga por los chanchullos edilicios de Maipú. Voy a pensar que es una casualidad que todos ellos sean de derecha, porque no me extrañaría que aparezca algún caso de la izquierda.
Me encanta ver cuando empiezan a caer los príncipes del parlamento, abusadores del sistema que no hacen otra cosa que horadar nuestra democracia.