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La cueca en pelotas

En Coyhaique, quienes pensaron que el árbol de Navidad era un problema solo estaban viendo la punta del pino. El problema es el manual, la metodología, la forma de hacer las cosas.

Rodrigo Campusano

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Aysén
La cueca en pelotas
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Por Rodrigo Campusano Villagra | @periodistadelsur

 

Recordemos un poco la triste escena navideña para dar contexto: un árbol navideño prometido como una gran postal urbana, el más alto de la región. Un anuncio entusiasta, con una instalación a medias. Un montaje con escándalo y una caída estrepitosa. Pero este grave accidente que quieren hacer pasar como una anécdota es realmente una alegoría perfecta de la gestión Municipal.

 

Parecía un error puntual, otra experiencia fallida del municipio. Sin embargo, hoy, a la luz del Informe Final N° 875 de la Contraloría, queda claro que no fue una excepción: fue un adelanto y un botón de muestra de la forma de hacer las cosas en el municipio. Se trata del sello Gatica: acariciar con contundencia a los medios de comunicación, aparecer varias veces al día sonriente para las buenas noticias, pero evitar a toda costa la exposición pública de los grandes desastres del ayuntamiento.

 

Porque lo que describe Contraloría no es un tropiezo administrativo aislado, sino un patrón de conducta alcaldicia.

 

Se trata de un municipio que -según el organismo contralor- inicia sus trámites sin un inspector técnico formalmente designado; que acepta marchas blancas sin que esto esté contemplado en las bases, es decir, inventa cuestiones innecesarias en actos administrativos que son de suma importancia para la probidad y el buen uso de los recursos públicos. La Contraloría General de la República en su larguísimo informe final de examen de cuentas da a conocer que la Municipalidad de Coyhaique evaluó los servicios de estacionamientos antes de que existieran los pagos respectivos. Añade que le pusieron nota máxima a un servicio con retrasos evidentes y que dieron por cumplidas sus obligaciones sin tener ningún papel de respaldo. Es decir, al igual que el fallido árbol de Navidad, simula estar de pie y que se sostiene solo.

 

El informe es demoledor en cuanto a que revela una ausencia sistemática de control, sin registros claros, sin decretos que deberían existir, con ausencia de certificados laborales que son obligatorios; incluso se hicieron contratos sin acreditar la identidad de las y los trabajadores con su cédula respectiva, como debe ser. Cuando se ordenan multas, no se aplican. Según los informes internos de las municipalidad, todo funciona, pero nada puede ser comprobado. Estamos ante una administración en la que debemos confiar antes que exigir las pruebas, los archivos que demuestren qué y cómo lo han hecho: la cueca en pelotas.

 

Es una pésima idea pasar por alto, hacerse los giles, con los informes de Contraloría y es justamente esto lo que trajo hasta este punto a la administración de Carlos Gatica. De las cinco observaciones finales que hace Contraloría, cuatro son calificadas como "altamente complejas" lo que generalmente deriva en un juicio de cuentas que es un procedimiento judicial especial y específico para determinar responsabilidades civiles de funcionarios o particulares que han administrado fondos y que han causado perjuicio al patrimonio fiscal.

 

Estamos ante un hecho gravísimo. Y estos son datos concretos. La Municipalidad de Coyhaique no pudo acreditar la entrega de los informes mensuales durante meses completos, sin embargo, entregó una evaluación positiva al concesionario. Aseguró que todo estaba en regla sin exigir certificados laborales, no cobró las multas y dio por terminado el contrato de mutuo acuerdo.

 

Todo indica que tal como pasó cuando se intentó adornar la ciudad para Navidad, la concesión de parquímetros adolece de improvisación, decisiones verbales y una ausencia de respaldo. En el caso del árbol, nadie fue formalmente responsable, nadie firmó el diseño, nadie explicó el costo real y nadie responde por ese bochorno. En el caso de los estacionamientos, Contraloría enumera una tras otra las omisiones y la respuesta municipal fue siempre la misma: no hay antecedentes, no se encontró respaldo o incluso el funcionario ya no está, como ocurrió con el destituido inspector técnico de los estacionamientos.

 

El árbol ya no está con nosotros, pero este informe permanecerá durante años.

 

No se trata de mala suerte navideña o de un problema puntual de las luces que no encendieron en su momento. Se trata más bien de una cultura administrativa donde el control es el decorativo, donde hay tardanzas en los decretos, donde los contratos parten antes de empezar y donde el municipio dice cumplimos, pero no lo probamos.

 

Sabemos que el árbol de Navidad cayó por su propio peso, por su falta de amarres y no por un ventarrón que no causó mayores daños en la ciudad. Y el informe del ente contralor propone la misma advertencia: cuando una gestión es deficiente y se sostiene solo amarrada con alambres, que se venga todo abajo es cosa de tiempo. Aunque sea en silencio, después de Navidad y sonando de fondo triste esta cueca en pelotas.

 

* Rodrigo Campusano es periodista y director de DeNota.

Etiquetas: #Política #Comunidad
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