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Sumergidos/Emergentes

Alonso Núñez desmitifica las clasificaciones artísticas que muchas veces nacen de quiénes no tiene idea de arte y creación.

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Aysén •
Sumergidos/Emergentes
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* Por Alonso Nuñez Lara

 

Siempre me han llamado la atención esas categorías para clasificar el trabajo artístico y, sobre todo, llama más la atención cuál es el lugar donde se decide lo que se sumerge o emerge.

 

Desde el oficio y el trabajo de la cultura, no solamente los colegas de la música sabrán de lo que hablamos cuando intentamos seguirle la pista al arte que nace entre nuestros vecinos y vecinas. El teatro, la variada artesanía, la poesía y la literatura tan prolífica en la Patagonia, la danza y tantas otras expresiones consideradas arte solo por el hecho de existir y que adquieren mucho más valor cuando logran nacer desde espacios y contextos tan adversos a veces, como el sur del continente.

 

Si hay algo en que podemos estar de acuerdo es que la ausencia Estatal/Municipal es desoladora. El maltrato, el malpago, las demoras y las escenas locales de arte y trabajo cultural que se profesionalizan a pulso, investigan, aprenden, crean, apuestan y trabajan desde una desconfiada distancia de las secretarías y oficinas que pareciera ser que una veintena de años detrás y con mucho esfuerzo logran algunas veces marcarle el paso al torrente creativo que cotidianamente nace por todas partes. Llegar a tiempo es dignidad y valor real. Me atrevería a decir que pensar la Cultura como una política pública, con proyección y decisión, pareciera que no existe, menos ahora con tanto recorte. Contrataciones esporádicas quizás y que los artistas ni opinen, porque te llegas a atravesar con algún funcionario por cualquier cosa y tu arte deja de ser arte y te ganas la maldición del veto. Por lo mismo, también uno ha visto a muchas y muchos colegas dejar sus versos y guitarras afiladas para los bares o las fogatas y así no perder la llamada anual de la Muni.

 

Y aquí aparece algo interesante: las instituciones no solamente administran recursos. También terminan administrando categorías. Deciden, de alguna manera -me encantaría saber cómo- quién es emergente, quién es profesional, quién merece una oportunidad y quién ya tiene suficiente trayectoria como para cobrar o no cobrar. Deciden cuánto y cómo se les paga. Y esas categorías, muchas veces son definidas desde fuera del oficio, desde espacios que no necesariamente conocen las condiciones materiales, los tiempos y las trayectorias de quienes se dedican al rubro.

 

Imposible no acordarse de ese alcalde que tajante y enérgico dijo una vez que “los Lobos Marinos no contaban con el profesionalismo necesario para subirse al escenario principal de la Expo Patagonia” y le sumó a su “argumento” que esa banda “no contaba con equipos ad-hoc para trabajar en ese escenario” y en esos días los Lobos Marinos venían llegando de una EXITOSA gira por Europa. 

 

Pero ¿quién decide lo “emergente”? ¿Con qué criterios se califica el arte a la hora de seleccionarlo en un concurso público o en una contratación? ¿Por qué a “artistas consagrados” se les paga más de 50 millones de pesos por una presentación y a los artistas emergentes se les llama a trabajar muchas veces sin pago? ¿O por esa cláusula miserable de la “visibilidad”? El clásico “ven a mi local, así te conocen”.

 

Ya a estas alturas uno ha visto de todo. Una agrupación que pasó por la televisión, tuvo un mediano éxito y luego hizo una gira nacional cobrando cientos de millones en cada municipio, y el municipio pagó la moda del momento. También, giras multimillonarias de bandas consagradas de verdad —porque hay otras que se consagran de mentira—, y digo consagradas de verdad pensando en Los Jaivas, Inti Illimani, Los Bunkers, Los Tres, Joe Vasconcellos, Anita Tijoux, Los Vasquez. Titanes de la música nacional no solo por la calidad de la música que hacen en términos netamente artísticos, sino por la conexión popular y de larga data que sostienen, y también por la maquinaria que significa mover esos elencos por el país.

 

Así como también uno ve —porque uno anda detrás de los escenarios observando— otros grupos que funcionan con un pendrive con una base, una timbaleta, una guitarra eléctrica, un teclado y un cantante, y también cobran millones por una presentación y se los pagan porque están de moda. Y otros que lisa y llanamente se suben a los escenarios a mentir. Todo eso pasa por el criterio local de turno y de quienes manejan la billetera con tanta delicadeza.

 

En otro lugar, los artistas locales, los eternos “emergentes”: ciudadanas, ciudadanos que deciden comenzar un camino en la música y sostener ese gusto, ese hobby, profesionalizarlo, aprender y generar obra. Discos, canciones, videos, libros, etc. Incluso algunas canciones se hacen espacio en el cariño popular y local, la gente las canta, las pide, las hace suyas. 

 

El problema, en este caso, está en que, nunca se sabe por qué estos artistas reciben un trato siempre diferente, discriminatorio y muchas veces violento. Y así, mientras algunos artistas acumulan trayectoria, repertorio, público y oficio, para la institucionalidad pueden seguir siendo indefinidamente “emergentes”.

 

Las preguntas entonces, son muchas y variadas: ¿quién y qué define si un arte es emergente?, ¿qué criterios ordenan la elección de los proyectos que participarán de un festival o una temporada?, ¿qué idea de cultura local se busca promover a través de los proyectos que se eligen? ¿hay planificación? ¿visión? ¿proyección? ¿Ranchera? ¿Rock? ¿identidad local? ¿cultura narco? ¿Qué dicen sobre las mujeres? ¿En qué lugar ubican al género femenino en sus canciones? ¿Qué representa? ¿Eso se quiere promover? ¿Cómo componen? ¿Trabajan con IA, pistas, las compran?, ¿las bajan de YouTube?¿trabajan con instrumentos reales? ¿dan trabajo?, ¿irán a tener algún problema de derechos de autor? ¿Quién le pone el precio al trabajo, el proveedor o el mandante?. 

 

En fin, las preguntas son tantas que hasta me da cosa incomodar. 

 

Aunque no quisiera dejar de hacer un par que de verdad me causan profunda curiosidad:

 

¿Dejarán esos artistas de ser emergentes alguna vez?

 

¿Qué se necesita para pasar a la siguiente categoría?

 

Una vez, en una entrevista, a un amigo le preguntaron si era muy difícil ser artista “emergente” viviendo en Chile:

 

—Es que nunca he estado sumergido.

 

Respondió.

 

* Alonso Núñez Lara es músico, cantautor y productor de la Patagonia chilena. Su trayectoria articula composición, producción e investigación musical, con especial interés en músicas locales, de raíz, tradicionales y populares. Es Profesor de música y magíster en Musicología Latinoamericana.

Etiquetas: #Cultura
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