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The winter is coming. Parte I

Esta semana el columnista de DeNota, Sermo Ferox, retrata el momento político del oficialismo en el parlamento regional.

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Aysén
The winter is coming. Parte I
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Por Sermo Ferox

 

A sólo un par de meses del inicio de la temporada invernal —con sus fríos persistentes y días cada vez más oscuros—, hay un sector político de la región para el cual el invierno parece adelantarse. Y no sólo en sentido climático, sino también político, especialmente si consideramos a sus parlamentarios recientemente electos.

 

Fue evidente para todos que este gobierno irrumpió en la escena con nuevas caras y nuevas ideas, ambas tan efímeras como muchas promesas de campaña. Basta revisar la prensa y las redes sociales para constatar cómo el individualismo, la soberbia y cierto mesianismo —al que ya nos han acostumbrado varias figuras políticas locales— terminan imponiéndose por sobre la ley y la moral. Bajo esta lógica, si el pecado lo comete un aliado, se perdona o, al menos, se relativiza para salvar las apariencias; pero si lo comete el adversario, no hay trámite ni súplica que valga antes del descenso directo al infierno.

 

La evidencia está de nuestro lado. De los parlamentarios electos no emerge ningún rostro realmente nuevo. Todos son viejos conocidos del juego de la silla musical, con una vasta experiencia, ciertamente, aunque legítimamente cuestionable en cuanto a su eficiencia para mejorar algo más que su propio capital político —sin entrar en el patrimonio, por el bien de nuestra democracia—.

 

Tenemos, por ejemplo, a una senadora que ha sido foco recurrente de la prensa, con un historial de múltiples cargos públicos, sin partido político, sin huestes ni guardia pretoriana, pero con un alto desempeño en discusiones que parecen reservadas para las alturas del Olimpo: el cambio climático, el futuro del planeta o la tarifa eléctrica regional. Temas relevantes, sin duda, pero escasamente conectados con las preocupaciones que marcaron la última elección presidencial, respecto de las cuales aún desconocemos su mirada. Su triunfo parece más un producto del sistema electoral que una ratificación contundente de una gestión destacada.

 

Por otro lado, una diputada que arrastra un paso casi vergonzoso por el Gobierno Regional, con una habilidad notable para transformar derrotas en críticas hacia quienes —según ella— no logran comprender su grandeza. Su entorno, además, aparece plagado de vínculos con la corrupción y con esa zona gris de los conflictos de interés que rara vez incomoda a sus aliados más cercanos, incluyendo conspicuos parientes de ex autoridades locales hoy enfrentadas a la justicia. Temas de los que poco se habla, probablemente por el bien de la coalición. Su victoria responde menos a un respaldo ciudadano renovado que a una visibilidad construida durante años en redes sociales y prensa, junto a una baja sostenida en votación que, gracias al sistema electoral y a errores ajenos, hoy la devuelve —en gloria y majestad— a un escenario protagónico. Queda por ver si hay algo digno de ser liderado.

 

No podemos olvidar al miembro permanente del elenco, quien a punta de denuncias, acusaciones, enfrentamientos y autorreferencias mediáticas ha logrado posicionarse como el paladín de la pureza, inmune a las bajezas de las coaliciones políticas, y capaz de convertir un trabajo parlamentario poco conocido en un espectáculo constante de fiscalización.

 

Y finalmente, en el ojo del huracán, aparece nuestro príncipe. Un político de tomo y lomo, cuya acción se centra en el permanente engrandecimiento de sus legiones de comités de vivienda y dirigentes sociales, que ven en él la respuesta a todas sus plegarias. No discutamos aquí las formas ni los medios; lo relevante es el triunfo, claramente personal, aunque evidenciado también por su incapacidad para instalar un candidato exitoso en la última elección. Sin mencionar que aún es incierto si logrará sentarse efectivamente en el Senado.

 

Así las cosas, lo que observamos es una “oposición” que no responde a intereses colectivos ni, mucho menos, a las necesidades reales de la región. Más bien, se mueve entre quienes desean liderar sin proyecto alguno y quienes buscan mantener viva la llama de la ciencia y el futuro, lo que resulta poco útil frente a un gobierno que promete ser tenaz, agresivo y enfocado en la eficacia. Todo esto en un contexto latinoamericano marcado por la alternancia constante, que dificulta la consolidación de proyectos políticos de largo aliento.

 

Pensar en la construcción de un bloque parlamentario regional unido parece aún más complejo. No es fácil acomodar tanto ego en una sola habitación, ni unificar criterios entre figuras tan dispares, sin una línea política común y en un evidente estado de naturaleza: una guerra de todos contra todos. Basta observar que entre el “casi” senador Calisto y la senadora Órdenes nunca ha existido un trabajo colaborativo, sino una competencia abierta por el trono de Aysén. Entre los diputados, las rencillas del pasado siguen vivas, con enemigos declarados entre equipos de trabajo, haciendo casi imposible cualquier tregua. Más aún si consideramos que el diputado Alinco fue quien denunció ante los tribunales a la hoy electa diputada Macías, en una causa aún inconclusa: una herida abierta y sangrante.

 

¿Podemos suponer, entonces, que con esta realidad existirá una bancada de oposición cohesionada en Aysén? Difícilmente. Lo que sí podemos inferir es que primarán los ataques, las zancadillas y la guerra de guerrillas. A esto se suma el desempeño paupérrimo de la coalición gobernante a nivel municipal, que —salvo contadas excepciones— carece de bases sólidas desde donde afirmarse.

 

Así, a los mortales sólo nos queda esperar hasta la próxima elección con la esperanza de cambios reales; que nuestras autoridades legislen desde lo que la región necesita y no conviertan la política en un acto circense que, aunque garantice buena performance electoral, poco aporta a los triunfos concretos para Aysén y su gente.

 

El invierno se acerca. Y para algunos, llegará antes y será mucho más crudo que para otros.

Etiquetas: #Política
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