Por Magdalena Rosas *
Dialogo inventado a partir de experiencias reales.
Papá, quiero ser músico, dijo una vez un joven a su padre, un destacado profesional. El papá que veía venir hace meses esta conversación, le contestó a su hijo, con cariño y total autoridad, que ser músico en el día de hoy no era una opción, que era destinarse a ser pobre, que ya lo habían hablado con su madre y que cualquier carrera de “esas”, era impensable para él, alguien estudioso, que tenía excelentes notas, merecía algo más en la vida que ser músico. Que pensara en el futuro, agregó, que cuando quisiera tener una familia con qué los alimentaría, que viviría endeudado y en fin como él era menor de edad tenía que obedecer. Búsquese otra carrera, una ingeniería, algo que le garantice un buen pasar, agregó el padre sin dejar lugar a dudas de que la decisión estaba tomada y si le alcanza el tiempo dedíquese a este hobby que es tocar música.
Soy docente hace más de 40 años y siempre he visto lo mismo. La habilidad musical y artística “viene” con los niños y niñas. No soy especialista en genética ni neurología, pero lo experimento siempre frente a una niña o niño que tiene cierta tendencia al arte. Algo hay en esa persona pequeña que habla por sí mismo, esa habilidad donde todo le resulta fácil y fluye, o también ocurre que le cuesta y tiene la fuerza para resolverlo y “recuperarse”.
Me viene a la memoria un examen de grado de maestría en violonchelo en una universidad en Alemania. Este examen consiste en un concierto público con un repertorio totalmente de memoria. La estudiante que se presentaba tocaba maravillosamente bien, pero en un lapsus de segundos se equivocó y luchó por recuperarse y seguir con la música. Lo logró de manera brillante, pero había tenido un quiebre mientras tocaba, algo que no puede ocurrir en un examen.
¿Cómo se califica este examen?, ¿tocar perfecto o la capacidad de recuperarse después de un error?, pregunté al jefe de la comisión evaluadora. Sin duda, tocar perfecto es tocar perfecto y no se pone en duda, pero en el examen también se valora la capacidad de recuperarse, me contestó. Hoy esta chelista es primer chelo en una importante orquesta sinfónica en Alemania.
Si hay personas sanas y resilientes en nuestra sociedad, estoy segura de que la mayoría estará en el área de las artes. Primero porque la base del aprendizaje y la experiencia artística es el ensayo y el error. Porque además de estudiar y trabajar en forma permanente, el artista hoy debe buscarse su lugar en la sociedad, especialmente en comunidades pequeñas como la nuestra donde la cultura no puede someterse a la ley del mercado porque si fuera así, no existiría.
En los últimos 40 años hemos avanzado en Aysén en la creación y fortalecimiento de las áreas de la música, el teatro, la danza, las artes visuales, la fotografía y las otras ramas del arte. Como siempre hay periodos donde se destaca una más que otra (motivo para otra nota), hemos avanzado en la creación de espacios culturales, de formación artística, pero todavía estamos al debe.
Alguna vez tuvimos un fondo del FNDR exclusivamente para cultura, fue un gran acierto porque dio forma a proyectos que existen hasta hoy y eso también es para otra nota.
Hay mucho de qué escribir. Por último, hoy deseo que ese padre que alguna vez dijo a su hijo que se dedicara a otra cosa, alguna vez se pregunte y se conteste si fue la decisión correcta, especialmente cuando escucha a su hijo desde lejos tocar siempre una melodía.
Era un joven extremadamente talentoso.
* Magdalena Rosas es música y profesora de Estado.